Una de cal y otra de arena, no todo podía ser perfecto y para que os hagáis una idea de como esta señora la ha liado en el local que las mesas de al lado cuando han pagado han recalcado que todo muy bueno y justo saliendo por la cafetería han puesto una reseña. Nuestro post anterior de Bea
En De Frida Café llevamos años trabajando, atendiendo a cientos de personas y viviendo situaciones de todo tipo. Pero lo de este lunes festivo merece, como mínimo, un capítulo en nuestro blog. Y ya que nos han dedicado una reseña de una estrella, vamos a dedicarle nosotros unos minutos a contar nuestra versión.
Porque una cosa es opinar sobre una experiencia y otra muy distinta es contarla olvidando algunos detalles fundamentales.
Primer acto: el misterio de las ocho mesas
Lunes festivo. Nueve de la mañana. De Frida Café abierto.
Entran cinco personas y encuentran nuestro establecimiento prácticamente vacío.
Disponemos de ocho mesas. Siete de ellas podían utilizarse y una estaba RESERVADA, con su correspondiente cartel perfectamente visible.
¿Adivináis en cuál querían sentarse?
¡Premio! En la reservada.
Les indicamos que podían ocupar cualquiera de las otras mesas disponibles, pero, por lo visto, eso se ha convertido en la reseña en que «no nos han dejado sentarnos en una mesa».
Y técnicamente es cierto: en ESA mesa, no.
En las otras siete, encantados.
Segundo acto: una carta que se podía leer sentados
Les acercamos amablemente nuestra carta física para que pudieran consultarla cómodamente en una mesa.
Pero prefirieron leerla de pie, junto a la entrada.
¡Perfecto! Cada uno elige cómo consultar una carta.
Lo curioso viene después, cuando la reseña asegura que sabían lo que iban a gastar, pero no lo que iban a consumir.
Tenemos una carta con nombres, productos y precios. Los clientes eligen y nosotros preparamos lo solicitado.
Hasta donde sabemos, todavía no hemos incorporado la lectura del pensamiento a nuestros servicios.
Tercer acto: la tragedia nacional de la leche condensada
Aquí llega el momento estelar de la mañana.
Después de tres días festivos consecutivos, se nos había terminado la leche condensada.
Sí. La leche condensada.
No el café. No el pan. No todos los desayunos.
La leche condensada.
Se lo comunicamos y la reacción de una de las personas del grupo nos dejó francamente sorprendidos, por el enfado y el tono elevado con el que respondió.
Entendemos perfectamente que alguien tenga ganas de un producto concreto y se lleve una decepción si no queda.
Pero, sinceramente, ¿de verdad merece semejante disgusto quedarse sin leche condensada?
Nosotros pensábamos que no. Parece que estábamos equivocados.
Cuarto acto: el bagel sin gluten que no estaba en la carta
Otra cuestión que aparece en la reseña es la ausencia de bagels sin gluten.
Los solicitó su hija y le explicamos que no teníamos disponibles.
¿Por qué? Porque son un producto puntual y no forman parte de nuestra carta habitual.
Lo que sí teníamos era tostada sin gluten, que ofrecimos como alternativa.
Es curioso que se nos reproche no disponer de un producto que ni siquiera anunciamos en la carta.
Quinto acto: ¿pan de molde o pan de pueblo?
Según la reseña, nuestras tostadas eran rebanadas de pan de molde.
Pues tenemos que aclarar algo.
Nuestro pan habitual es de pueblo o integral. El pan sin gluten sí tiene un formato similar al pan de molde.
Son productos diferentes.
Y no, una tostada no se convierte en pan de molde porque alguien decida escribirlo en Google.
Además, nuestras tostadas más sencillas cuestan 3 €, tal como figura en la carta. El precio puede gustar más o menos, pero está indicado antes de realizar el pedido.
Nadie está obligado a pedir algo cuyo precio no le convenza.
Sexto acto: el desenlace inesperado
Y aquí viene lo más sorprendente.
La familia desayunó y, al finalizar, tanto el marido como la hija fueron muy agradables y cordiales a la hora de pagar y despedirse.
Nosotros pensamos que, a pesar del contratiempo de la leche condensada, la visita había terminado con normalidad.
Pero unas horas después apareció la famosa reseña.
Una estrella.
Y calificativos como «pretencioso» y «oportunista».
Todo ello por una mesa reservada, un producto agotado, otro que no figuraba en nuestra carta y unas tostadas cuyo precio estaba perfectamente anunciado.
Y ahora, unas palabras de Inés, encargada.
Nosotros no pretendemos gustar a todo el mundo. Sería imposible.
Aceptamos las críticas, los errores propios y las sugerencias que nos ayudan a mejorar. Sabemos que no somos perfectos y jamás hemos pretendido serlo.
Pero aceptar críticas no significa tener que guardar silencio cuando consideramos que una reseña ofrece una versión incompleta o equivocada de lo sucedido.
Detrás de una cafetería pequeña hay madrugones, compras, proveedores, facturas, cansancio y muchas horas de trabajo, además de muchos momentos familiares que una se pierde cuando es autónomo, pero es algo que una misma elige.
Hay lunes festivos en los que decidimos levantar la persiana para que quien quiera pueda disfrutar de un desayuno. Hoy precisamente no es que me apeteciera ir a trabajar a las 7 de la mañana un lunes festivo con una temperatura EXTRAORDINARIA para estar en la montaña o de viaje.
Y sí, hay días en los que se agota un ingrediente.
Lo que no debería agotarse nunca es la educación, la comprensión y el respeto mutuo.
No pedimos aplausos por abrir un festivo. Es nuestro trabajo y lo hacemos porque queremos.
Pero tampoco creemos que merezcamos ser calificados de oportunistas porque alguien no haya podido sentarse en una mesa reservada o porque se haya terminado la leche condensada.
Eso sí, avisamos:
Si una mesa pone RESERVADO, está reservada. Y si se acaba la leche condensada… por mucho que nos enfademos, no aparece por arte de magia. 😂






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